Eagle Stadium
Acabé mi última temporada colegial jugando de una manera mediocre y sin impresionar a ningún equipo profesional. Cuando me dí cuenta de que había votado mi carrera por la ventana, tan solo quedaban tres o cuatro partidos de temporada. Aquí fue cuando volví a la realidad y me decidí a jugar a tope si quería llegar al nivel profesional. Durante toda la temporada había perdido el ritmo en un equipo sin disciplina. Fui titular en toda ocasión pero si yo hubiera sido el Mister, hubiera hecho suplente a cualquier jugador que estaba actuando de la manera en la que yo lo estaba haciendo. Nunca fallé a un entrenamiento y me entrenaba duro, pero me faltaba esa chispa durante los partidos para brillar y llamar la atención a las ligas profesionales.
Winthrop University Vs. Kentucky University
Era el comienzo del torneo de la Conferencia Big South y otra vez me sentía motivado por jugar un partido importante y jugarlo bien. El año pasado habíamos llegado a las semifinales donde perdimos contra Liberty University de Virginia. Este año, no podía permitirme acabar mi carrera universitaria sin jugar las finales de la Primera Division de la NCAA.
En el primer partido de octavos de final del torneo Big South, nos enfrentamos a Charleston Southern University. Este era un equipo que tenía dos tremendos jugadores: Un Jamaicano en el centro del campo y un tipo de Kenya que para mi, es uno de los mejores jugadores a quien me he enfrentado (Michael Chumah). Este partido lo jugué muy bien y tuve esa sensación de comodidad con el balón durante los 90 minutos. Asistí en dos goles y ganamos comodamente para pasar a las semifinales contra Radford University de Virginia.
Me sentí igual de comodo en las semifinales y también hize un buen partido. Este fue un partido lleno de locura en el que acabamos ganando apuradamente con uno menos el el campo. El uno menos desde el minuto 70 era yo. El partido se había convertido para mi en una batalla personal. Durante todo el partido, marcaba a un buen extremo izquierdo a quien estaba muy igualado. Éramos mas o menos de la misma estatura, rapidez y habilidad. Llevábamos todo el partido batallando y mareando el uno al otro. Me imagino que hubiera sido muy bonito de ver desde la grada. Como comenté antes, aproximadamente en el minuto 70, mi enemigo recibió el balon junto a la banda izquierda, me encaró, y por su movimiento de cuerpo y porque yo sabía que no tenía soporte defensivo detrás de mi, sabía que me intentaría driblar en vez de pasar el balón. Leí su movimiento hacia la banda y metí el cuerpo entre el balón y él para poner el balón a saque de banda. El jugador cayó al suelo agarrandose el cuello pero el arbritro no pitó nada porque sabía que no hubo falta. Yo salí de la jugada con un subidón de adrenalina porque había ganado otra pequeña batalla contra este tío que me tenía hasta los cojones. El jugador se revolcaba en el suelo agarrandose el cuello como si alguien se lo hubiera cortado, cuando el cuarto árbitro le hizo señales al árbitro central para hablar con él. Yo estaba convencido de que le daría tarjeta al muy mentiroso jugador que todavía se agarraba el cuello. Para mi sorpresa y la del estadio entero, el árbitro se dirigió a mi y me sacó la tarjeta roja haciendo gestos con su codo.
En ese momento me estaba cagando en la muy puta de la madre del jugador, el cuarto árbitro y el árbitro central. Por muy sorprendido que estaba, no intenté alegar porque sabía que no cambiaría su decisión de echarme fuera del partido. Caminé fuera del campo observando al mentiroso todavía tirado en el suelo con cara de dolorido. A través de esa cara, yo podía ver como sonreía por dentro porque me había ganado la batalla y la guerra entera.
Salí del estadio y me senté con la cabeza entre las rodillas como un niño pequeño al que no se le permite jugar con sus nuevos juguetes de Navidad. Contemplé el cesped y las gotas de sudor callendo en él mientras mi corazón comenzaba a latir mas y mas despacio. Parecía que el tiempo había parado y solo podía oir a mi mismo respirar. Era una noche fría de Noviembre y allí estaba yo empapado de sudor y pensando que mi carrera futbolística estaba acabada. Una tarjeta roja significaba que aunque mi equipo ganara este partido que al momento íbamos ganando, yo no podría jugar por sanción la final de la conferencia dos días después. La única manera de volver a llevar la camisa de Winthrop University otra vez sería que mis compañeros ganaran los dos próximos partidos y llegáramos al Tornéo Nacional de la Primera Division de la NCAA.
Pensando en todo esto, me calmé y el viento me comenzaba a dar escalofríos. Cuánto tiempo había estado allí y cómo iba el partido? volví a la realidad y ahora podía oir a la gente en las gradas gritando y a mis compañeros anciosos en el banquillo. Sabía que lo único que podía hacer ahora era apoyar a mis compañeros y tener fé de que llegaríamos al la primera ronda de la NCAA.