Me desperté esta mañana como todas las otras luchando contra ese fantasmas de todos los días. Y si estás leyendo me imagino que te preguntarás -
--quien coño es ese fantasma?
Pues aunque no te diré en concreto, puedo decirte que está vestido de la misma manera al que te despierta a ti todas las mañanas. Y si no tienes fantasmas que te acompañen en tu trayectoria por esta vida, pues bendito seas. No hablo de fantasmas para darle un toque oscuro a tu lectura si no para describirte de la mejor manera posible como me desperté esta mañana. Y además ya he explicado que esta entrada de blog es para mi. O sea que pongo fantasmas y payasos donde yo quiera.
El problema de mi fantasma es que no lo veo, no lo localizo. Tan solo siento su asquerozo aliento de mañana y me persigue hasta que me tomo mi primer café del día y mi adrenalina me da la energía para afrontar otro día. Pero no es un fantasma aterrorizante; Todo lo contrario. Mientras yo no le veo, me lo imagino como a uno de esos fantasmas que vuelan por el aire tapados con una sábana blanca; uno de esos fantasmas que llevan una sonrisa sarcástica pintada en la sábana y sus ojos no son más que unos agujeros mal hechos con tijeras.
--Que habrá debajo de esa sábana?
Nos imaginamos a una forma humana casi transparente y deformada pero esto es solo Holywood. Me imagino que nunca sabré lo que se esconde bajo la tela hasta el día en que mi espíritu se convierta en fantasma.
